domingo, 17 de enero de 2021

Buscar la Forma

 

No todos los aprendizajes nacen de la reflexión o desde la aplicación inmediata de algún conocimiento o técnica. Este artículo tiene su vida mediante un mantra. Si no conoces la palabra mantra, en palabras propias, es similar a un eslogan, donde tus acciones se mueven mediante esa frase autoimpuesta (si estoy mal para los expertos en el tema, favor me lo aclaran). Bueno, volvamos al tema.

Este artículo se remonta a cuando mi hijo (se llama Maximiliano y es hermoso) tenía casi 3 años (tiene 6 años actualmente) y comencé a decirle que él debía “buscar la forma” para hacer lo que quería, ya que como los papás que han tenido niños/as de esa edad, saben mejor que nadie lo dependientes que son de uno. El asunto es que cada vez que me preguntaba sobre algo, le repetía este mantra, como el profesor te repetía que guardaras silencio en su clase, y observaba con atención sus movimientos y veía con gran sorpresa como lograba hacer lo que se proponía. De hecho, en esta misma situación, muchas de las soluciones a las que él llegaba eran más eficaces incluso que las que yo creía, dándome a entender que nuestra visión adultocentrista es una basura, ya que los niños tienen una capacidad de resolución que no debemos subestimar en lo absoluto. Al día de hoy, sigo repitiéndole estas palabras y él ya las comprende y se pone a pensar creativamente la solución para lograr lo que quiere.

Dejando de lado a mi hijo (ya lo he explotado suficiente y me pueden denunciar a la policía), esta realidad se nos replica a diario en la vida y en la sociedad, donde al momento de enfrentarnos a una situación, sobretodo aquella donde no disponemos de mucha información o no disponemos de ella, tenemos personas que se bloquean ante esta situación y se pierden de la opción de haber generado algo interesante de haber actuado de otra manera. Es a estas personas a las que va dirigido este artículo y donde intentaremos sistematizar este mantra que nació de una situación infantil.

Cabe señalar que estas recomendaciones no son en absoluto un acabado, ya que las maneras de hacer las cosas, como también el orden en que uno las hace, dependen exclusivamente de cada uno y al contexto en el que nos estamos enfrentando. Considerando esta aclaración, revisemos estas recomendaciones junto a un ejemplo práctico para entenderlo de manera íntegra.

El ejemplo es el siguiente: tienes que entregar un reporte importante para tu empresa y dispones de menos tiempo del habitual para hacerlo, sumado a que no debes dejar de realizar tus labores cotidianas (muy habitual en el mundo de la oficina)

Evitar pensar en los problemas: cuando se presentan estas situaciones, nos tendemos a abrumar por el hecho de tener menos tiempo y nuestro cerebro comienza a montar un operativo análogo al de la policía cuando desbarata una banda de narcotráfico, diciéndonos que tenemos menos tiempo y que no alcanzaremos a terminar todo, que nos tendremos que quedar hasta la noche en la oficina, que no dormiremos por tener que llevar el trabajo a la casa, siendo que teníamos un compromiso familiar y muchas más. Todo esto nos provoca angustia, ansiedad y/o frustración, empeorando aún más nuestra actitud frente al problema, el cual solo existe en nuestro cerebro, ya que, si lo pensamos fríamente, solo es una situación que se nos presenta de manera diferente a la habitual.

Pensar en alternativas: obedeciendo al ejemplo presentado, podemos pensar sobre los recursos que tenemos disponibles para superar la situación (experiencia frente a la labor encomendada, celeridad al utilizar los instrumentos necesarios, tiempo destinado al trabajo, entre otros).

Sobre estos recursos, podemos ir creando un esquema a medida que vamos trabajando sobre lo solicitado y lograr completar el trabajo, sin dejar de lado lo cotidiano. Es importante que pongamos nuestros pensamientos sobre aquello que soluciona el problema, ya que con esta actitud (contrario a la situación anterior) logramos avanzar e ir buscando la forma para superar lo que tenemos al frente. Además de esto, cuando logras superar dificultades, adquirimos nuevas armas, municiones y maneras de usarlas en nuestro repertorio que nos servirán en el futuro. Eso se llama EXPERIENCIA.

“Me estás diciendo cosas absolutamente majaderas que ya he leído en artículos de mucho mejor prestigio” es lo que invade tu mente, junto a que devuelva el dinero de la entrada (no, porque lees gratis este artículo), pero créeme que por mucha literatura que exista sobre esto, es penoso saber la poca aplicación de este principio en la vida real. También me ha tocado ver a gente que coloca a la mesa un montón de excusas ante los problemas, incluso cuando se le presentan las posibles soluciones.

He llegado a pensar que esta forma de actuar se debe a que comúnmente queremos decir que los problemas no son nuestra responsabilidad, ya que, “nuestro jefe fue quien nos dio menos tiempo y por eso no pude completarlo” en vez de sentarse desde el primer segundo para hacerlo posible. Esta mentalidad es la que merma nuestros sueños, ya que ponemos nuestras excusas delante, en vez de querer avanzar.

Problemas y soluciones son equivalentes al contexto, por lo que uno es quien elige al final desde qué vereda hace frente a la situación y es mejor a mi juicio, a modo de metáfora, que un niño tenga múltiples heridas por haber jugado que uno con la piel impecable viviendo una burbuja.

Para cerrar este artículo, les digo que, a partir de ahora, cuando se enfrenten a cualquier situación que les empiece a dar urticaria o les haga transpirar frío (por mencionar algunos), recuerden el mantra que le dije a mi hijo ¡¡BUSCAR LA FORMA!!



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