No todos los aprendizajes nacen de la reflexión o
desde la aplicación inmediata de algún conocimiento o técnica. Este artículo
tiene su vida mediante un mantra. Si no conoces la palabra mantra, en palabras
propias, es similar a un eslogan, donde tus acciones se mueven mediante esa
frase autoimpuesta (si estoy mal para los expertos en el tema, favor me lo
aclaran). Bueno, volvamos al tema.
Este artículo se remonta a cuando mi hijo (se llama
Maximiliano y es hermoso) tenía casi 3 años (tiene 6 años actualmente) y
comencé a decirle que él debía “buscar la forma” para hacer lo que quería, ya
que como los papás que han tenido niños/as de esa edad, saben mejor que nadie
lo dependientes que son de uno. El asunto es que cada vez que me preguntaba
sobre algo, le repetía este mantra, como el profesor te repetía que guardaras
silencio en su clase, y observaba con atención sus movimientos y veía con gran
sorpresa como lograba hacer lo que se proponía. De hecho, en esta misma
situación, muchas de las soluciones a las que él llegaba eran más eficaces
incluso que las que yo creía, dándome a entender que nuestra visión
adultocentrista es una basura, ya que los niños tienen una capacidad de
resolución que no debemos subestimar en lo absoluto. Al día de hoy, sigo
repitiéndole estas palabras y él ya las comprende y se pone a pensar
creativamente la solución para lograr lo que quiere.
Dejando de lado a mi hijo (ya lo he explotado
suficiente y me pueden denunciar a la policía), esta realidad se nos replica a
diario en la vida y en la sociedad, donde al momento de enfrentarnos a una
situación, sobretodo aquella donde no disponemos de mucha información o no
disponemos de ella, tenemos personas que se bloquean ante esta situación y se
pierden de la opción de haber generado algo interesante de haber actuado de
otra manera. Es a estas personas a las que va dirigido este artículo y donde
intentaremos sistematizar este mantra que nació de una situación infantil.
Cabe señalar que estas recomendaciones no son en absoluto
un acabado, ya que las maneras de hacer las cosas, como también el orden en que
uno las hace, dependen exclusivamente de cada uno y al contexto en el que nos
estamos enfrentando. Considerando esta aclaración, revisemos estas
recomendaciones junto a un ejemplo práctico para entenderlo de manera íntegra.
El ejemplo es el siguiente: tienes que entregar un
reporte importante para tu empresa y dispones de menos tiempo del habitual para
hacerlo, sumado a que no debes dejar de realizar tus labores cotidianas (muy
habitual en el mundo de la oficina)
Evitar pensar en los problemas: cuando se presentan estas situaciones, nos tendemos
a abrumar por el hecho de tener menos tiempo y nuestro cerebro comienza a
montar un operativo análogo al de la policía cuando desbarata una banda de
narcotráfico, diciéndonos que tenemos menos tiempo y que no alcanzaremos a
terminar todo, que nos tendremos que quedar hasta la noche en la oficina, que
no dormiremos por tener que llevar el trabajo a la casa, siendo que teníamos un
compromiso familiar y muchas más. Todo esto nos provoca angustia, ansiedad y/o
frustración, empeorando aún más nuestra actitud frente al problema, el cual solo
existe en nuestro cerebro, ya que, si lo pensamos fríamente, solo es una
situación que se nos presenta de manera diferente a la habitual.
Pensar en alternativas: obedeciendo al ejemplo presentado, podemos pensar sobre los recursos
que tenemos disponibles para superar la situación (experiencia frente a la
labor encomendada, celeridad al utilizar los instrumentos necesarios, tiempo
destinado al trabajo, entre otros).
Sobre estos recursos, podemos ir creando un esquema a
medida que vamos trabajando sobre lo solicitado y lograr completar el trabajo,
sin dejar de lado lo cotidiano. Es importante que pongamos nuestros
pensamientos sobre aquello que soluciona el problema, ya que con esta actitud
(contrario a la situación anterior) logramos avanzar e ir buscando la forma
para superar lo que tenemos al frente. Además de esto, cuando logras superar dificultades,
adquirimos nuevas armas, municiones y maneras de usarlas en nuestro repertorio
que nos servirán en el futuro. Eso se llama EXPERIENCIA.
“Me estás diciendo cosas absolutamente majaderas que
ya he leído en artículos de mucho mejor prestigio” es lo que invade tu mente,
junto a que devuelva el dinero de la entrada (no, porque lees gratis este
artículo), pero créeme que por mucha literatura que exista sobre esto, es
penoso saber la poca aplicación de este principio en la vida real. También me
ha tocado ver a gente que coloca a la mesa un montón de excusas ante los
problemas, incluso cuando se le presentan las posibles soluciones.
He llegado a pensar que esta forma de actuar se debe a
que comúnmente queremos decir que los problemas no son nuestra responsabilidad,
ya que, “nuestro jefe fue quien nos dio menos tiempo y por eso no pude
completarlo” en vez de sentarse desde el primer segundo para hacerlo posible.
Esta mentalidad es la que merma nuestros sueños, ya que ponemos nuestras excusas
delante, en vez de querer avanzar.
Problemas y soluciones son equivalentes al contexto,
por lo que uno es quien elige al final desde qué vereda hace frente a la
situación y es mejor a mi juicio, a modo de metáfora, que un niño tenga
múltiples heridas por haber jugado que uno con la piel impecable viviendo una
burbuja.
Para cerrar este artículo, les digo que, a partir de
ahora, cuando se enfrenten a cualquier situación que les empiece a dar
urticaria o les haga transpirar frío (por mencionar algunos), recuerden el
mantra que le dije a mi hijo ¡¡BUSCAR LA FORMA!!

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