Esta reflexión nació de un pensamiento casual,
mientras viajaba a la casa de mi madre. Esta reflexión no es nueva dentro del
mundo de las ideas, ya que me estoy refiriendo a “la verdad”, esa palabra tan
manida (fanáticos del extranjerismo, no diré “cliché”) que nadie es indiferente
a ella. Creo profundamente que esto que escribo te puede servir a la hora de
valorar los conocimientos y afinar tus argumentos cuando defiendas algo.
Lo primero que es menester poner a la mesa es la
definición de la palabra “verdad”, la cual, según la RAE es “propiedad que
tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna”. Con esto en
mente, es hora de poner ejemplos cotidianos.
Te acuerdas de ese juego de infancia que llamábamos
“el teléfono” (sí, soy de los niños que también lo jugó) y cuando la primera
persona decía el mensaje a su receptor y este lo replicaba al siguiente y
llegaba al último (de repente era una eternidad esperar) y llegaba el momento
de decirlo, el niño o niña decía cualquier epíteto, digno de un discurso
presidencial.
Quizás este fragmento repleto de nostalgia e
infantilidad, altera tus neuronas maduras y serias, pero las vamos a calmar
dando un ejemplo a tu altura. Digamos que estás leyendo un libro especializado
sobre un tema social, donde el autor dice tener la panacea de una problemática
social y tú, como fiel oveja a su pastor, replicas estas ideas como si hubieras
descubierto el secreto de la creación del mundo.
Si te das cuenta, las analogías contienen elementos
similares, por lo que, si hubo un intento de atentado terrorista de tu parte a
mi postulado, tus intentos esta vez no verán luz, así que guárdalo para otra
oportunidad.
Estos dos ejemplos nos indican dos cuestiones que
cobran importancia: la primera refiere a que el conocimiento que nosotros
adquirimos es replicado según nuestro propio conocimiento previo y percepción
que tuvimos a la hora de captar la información que se nos presentaba. Por este
motivo, la persona del teléfono y la persona del libro, a la hora de transmitir
lo que adquirieron lo hacen mediante su propia experiencia. Este primer
elemento nos permite comprender que la verdad (sobretodo en cuestiones de
información) no es tan inmutable de acuerdo a nuestra realidad personal, ya que
nosotros siempre le iremos moldeando según la valoración que tenemos del mundo.
El segundo elemento, se da en el ámbito del cómo
transmitimos los conocimientos, donde podemos ver el sesgo de la persona que se
presenta como la emisora de información. Este sesgo es importante aclarar de antemano,
ya que no quiere decir que la persona lo hace intencionadamente (bueno,
obedeciendo al artículo, podemos decir que sí lo puede hacer así también) pero
siempre debemos considerar que cuando estamos viendo un tutorial en internet o
cuando estamos escuchando a un profesor, este presentará la información a su
conveniencia y siempre faltarán piezas de ellas
(quizá son las piezas más pequeñas del rompecabezas), pero no significa
que no exista la seriedad en lo que están haciendo. Antes de que pienses cualquier
cosa, yo también estoy haciendo lo mismo, por algo es una opinión subjetiva.
“Ya, he leído una página de esto para decirme algo sin
valor alguno”, podrás estar pensando tú en este preciso momento, pero déjame
decirte que no es así. Esto que voy a escribir quiero que lo consideres como
una posibilidad de aprendizaje y no como una solución, ya que la verdad se nos
escapa de las manos siempre que intentamos atraparla. Los elementos de
aprendizaje que te presento, son los siguientes:
Comprende: cuando adquieras
un conocimiento, sea cual sea el medio, no juegues el juego “Simón dice” (como
odiaba cuando me tocaba obedecer), ya que tienes la capacidad de procesar la
información recibida y entrelazarla con los elementos que ya posees. Esta
sinergia potencia tus capacidades en el ámbito en el que utilizarás esta nueva
información.
Valor: el
conocimiento no solo existe por la validez que posea, sino que también debemos
considerar el valor que este tiene en nuestro diario vivir. Si aprendemos algo,
es importante que captemos los elementos que nos sirven a la hora de construir
conocimiento o decidamos aprender una nueva habilidad. Esto es meritorio
explicarlo en otro artículo futuro en más profundidad.
Cuestiona: no solo es
importante procesar y valorar lo que aprendes, también es importante que te
preguntes si la reflexión que estás viendo en tus redes sociales y piensas que
es digna de compartir o cuando escuchas al profesor en su clase y este te tiene
extasiado con su cátedra contiene los elementos necesarios para lo que buscas
aprender. Esto hará que te percates de si faltan elementos que debes
complementar con otros medios (lectura, videos, audios, etc.) y puedas tener
una perspectiva mayor de lo que te informas.
Para ir cerrando este artículo (“¡¡uuuf, menos mal!!), no quiero que piensen que los estoy abanderando para que ataquen fervientemente a los medios de comunicación, ya que somos nosotros quienes debemos tomar el toro por los cuernos y usar la información de acuerdo a nuestros criterios. El que sea cierto o falso dependerá de nuestra investigación e introspección y el cómo utilizar la información es nuestra responsabilidad. Soy creyente de que nosotros somos los responsables de lo que queremos en nuestras vidas y depende de nuestra habilidad de unir los elementos que vamos incorporando los que nos abren el sendero. La verdad es algo que, a mi juicio, es más que algo inmutable y que debes repetir sin más, sino que es algo que presentas para validar lo que estás mostrando al mundo.

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